Analizar las causas de cualquier crisis tiene el objetivo de evaluar sus porqués para abordar las posibles soluciones que permitan salir de esa situación crítica. Hoy urge hacerlo en la profesión periodística, tanto en lo relacionado con los empresarios de la comunicación como con los periodistas, sin olvidar también al público. “La Ética Informativa: Un reto en la era de la posverdad” pretende analizar y reflexionar sobre cuál es el papel

de la profesión y de los medios informativos en un mundo en continuo proceso de evolución, donde la autocensura, la  posverdad y las fake news amenazan, más si cabe, al prestigio y credibilidad de la profesión. Es necesario un rearme ético en la sociedad y una vuelta entusiasta y decidida a la deontología informativa en el campo informativo basados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, como texto ético fundamental.

Como profesional, y después de más de 40 años dedicado en cuerpo y alma a la formación de comunicadores, ¿qué aspectos de la profesión considera actualmente como los principales retos a abordar?

La profesión periodística no desaparecerá nunca como actividad propiamente dicha, porque el ser humano siempre demandará información, sea por los actuales medios o por otros que vayan surgiendo, al desarrollarse las TICs. Lo que si esta en trance de desaparición es el modo idóneo de realizar dicha actividad, porque los grandes principios de la profesión periodística están en una curva de desprestigio realmente alarmante. La verdad, la objetividad, la separación de opinión e información, de información y publicidad, la crítica al poder político y sobre todo la deontología informativa parecen ser cosas del pasado, cuando son el fundamento de nuestra profesión.

La censura externa ha existido siempre y es el mayor mal que puede sufrir la información lo que ocurre ahora es que como complemento de ella, ha surgido con fuerza la autocensura o sea que el periodista, sabiendo los riesgos que comporta decir la verdad, se autocensura en razón de las presiones políticas, empresariales e incluso personales. Y ello es un hecho grave, reconocido por los propios profesionales, tal como relato con datos de los informes de la Asociación de la Prensa de Madrid.

En relación con la posverdad y las fake news, estamos asistiendo a una actualización brutal de lo que ha acompañado siempre a la información, la mentira. El problema es que hoy en día la fuerza desmesurada de las TICs coloca a este fenómeno en un lugar de vanguardia contra la verdad.

Con referencia a este último aspecto que comenta, parece evidente apuntar que la mentira o la falta de objetividad a la hora de informar no es algo nuevo… ¿En qué medida la posverdad amenaza, más si cabe, al prestigio y credibilidad de la profesión y hasta qué punto está afectando a la falta de confianza que, en general, hoy se percibe en la sociedad?

De una manera bastante clara. Como comentaba en la respuesta anterior, la posverdad que es una situación en donde los sentimientos, las opiniones personales, las emociones, las creencias personales prevalecen sobre la verdad, han alcanzado la fortaleza actual gracias al impacto de las TICs que permiten sin problemas el hacer llegar a millones de personas el contenido de la desinformación que supone la posverdad, haciéndoles tomar decisiones que, de haber prevalecido la verdad, no se hubieran tomado.

Frente a este panorama no demasiado halagüeño, ¿cuáles piensa que pueden ser las claves para la regeneración de una profesión que, según sus palabras, se ve abocada a la desaparición?

La clave desde mi punto de vista, y así lo recojo en el último capítulo del libro donde propongo un plan de acción centrado en diez puntos, es la regeneración ética en términos generales y de la deontología informativa en particular. Vivimos, desgraciadamente en una época en donde se valora mucho más lo material que lo moral, y ello nos está conduciendo a una situación donde el tener prevalece sobre el ser. Si no afrontamos esa realidad con una decidida acción a favor de la ética, no hay nada que hacer. Y en nuestra profesión eso se traduce en una regeneración deontológica en el campo informativo.

Abogar por la ética informativa en los tiempos que corren es sin duda un reto, tal y como plantea el título del libro. ¿Cree que una humanización de la profesión periodística es posible?

Sin duda. Hay que volver a poner las cosas en su sitio en muchos aspectos y uno de ellos es el de volver a colocar al hombre, al ser humano, en el lugar que le corresponde. Esa humanización pasa por situar a la verdad, a la objetividad, por encima de los intereses materiales. La información, tal como lo expreso en el libro, no es una mercancía, es un bien inmaterial, informativo, de primer orden, que debe ser tratado adecuadamente. Ello no está reñido con el beneficio empresarial. Sí lo está con considerar al interés económico por encima del hombre, en este caso del periodista, forzándole a una actuación profesional lejos de la deontología informativa.

En el IECO nos mueve el ideal de mejorar la sociedad desde la reflexión ética, y no cabe duda de que moverse por ideales es un rasgo característico de las personas jóvenes. ¿Qué consejos les daría a las nuevas generaciones de comunicadores que están estudiando la carrera o están dando sus primeros pasos en la profesión? ¿Y a los no tan jóvenes pero que siguen moviéndose por ideales nobles?

Mi consejo a estudiantes de periodismo, periodistas jóvenes y no tan jóvenes, es que luchen por vivir éticamente no solo su profesión, sino su propia vida. Quien no es ético con la familia, con los negocios, con los amigos, no lo puede ser en su profesión, en este caso la periodística. La ética en una y no se puede dividir ni por horas, ni por situaciones. Ello le llevará a vivir adecuadamente los principios periodísticos citados anteriormente como la verdad y la objetividad. Es una empresa difícil, pero apasionante, donde por cierto el IECO realiza una gran labor que quisiera agradecer en mis últimas palabras.

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