Tal y como explicó en su presentación Vicent Soler, Decano de la Facultad de Economía, el tema del seminario no podía ser más apropiado para una institución como la Universidad, cuyo papel consiste en proporcionar, no sólo los conocimientos técnicos a los futuros decisores de la sociedad, sino también espacios de reflexión en los que se pueda otear el horizonte que tenemos por delante, de modo que los estudiantes lleguen a ser verdaderos protagonistas del cambio.

En sus reflexiones, el profesor Higinio Marín insistió en que al mundo sólo se accede mediante la comprensión, y que estar en el mundo, más allá de habitarlo, requiere comprenderlo. No basta con estar al día en el “manejo” de las cosas, se requiere una respuesta al porqué y al cómo estamos en el mundo de un modo humano. Por eso es preciso caer en la cuenta de que el nuestro es un mundo cuya velocidad de cambio es, por primera vez en la historia, superior a la del individuo que lo habita. Y no sólo eso, estamos ante un mundo que, también por primera vez en la historia de la especie humana, puede ser aniquilado por sus propios habitantes. Se trata de un mundo del que un día fuimos sólo habitantes y del que hoy somos los “cuidadores”.

A estas reflexiones de carácter planetario, el profesor Marín añadió a continuación un certero análisis del mundo más cercano en el que vivimos. El estilo de vida de la Europa occidental viene marcado por la “inexperiencia de la verdadera necesidad”. El alargamiento de la esperanza de vida y el arrinconamiento del riesgo de una muerte inminente han difuminado la huella de nuestra “condición necesitante”, un elemento que marca nuestra condición auténticamente humana. Esta situación nos lleva a movernos en la autonomía lúdica del gusto (del deseo, del placer y del goce), lo que termina en la narcotización de la consciencia al dar la espalda al resto de la humanidad.

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En las preguntas de debate que siguieron a la presentación surgió de nuevo la misma cuestión acerca de la distinción entre necesidades y deseos. Una vez más, el conferenciante insistió en que el modo de huir de la “opulencia” es restaurar la huella de la necesidad, vivir de acuerdo con la condición necesitante de la especie a la que pertenecemos. Conscientes de las verdaderas necesidades, propias y ajenas, y no sólo de la satisfacción de los deseos. Una cuestión que resulta clave en la formación de futuros directivos y directivas, como se puso de manifiesto en la última de las preguntas. Cuando los responsables de tomar decisiones, dirigentes y gobernantes, se dejan llevar por la pasión en sus decisiones, se convierten en malos decisores. De ahí la importancia de una formación universitaria en economía y dirección de empresas que contemple  la ética como dimensión irrenunciable del buen gobierno en las organizaciones.

Al terminar el seminario, el profesor Manuel Guillén, organizador del evento y director del Instituto para la Ética en la Comunicación y las Organizaciones (IECO), agradeció en nombre de todos los presentes una conferencia que resultó ser muy entretenida, además de brillante y tremendamente sugerente. El decano de la Facultad terminó el acto agradeciendo su participación al ponente y a los asistentes, en una sala prácticamente llena, a pesar de las inclemencias del tiempo meteorológico que acompañó todo el acto con truenos y relámpagos.

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